Azul

La abuelita Magdalena fue quizás, una de las mujeres que más he amado en mi vida. No solo porque me parecía a ella físicamente, o al menos eso decía la familia, sino porque disfrutaba un montón el tiempo a su lado, pues solía maravillarme con su tejido, sus helados y su infinito amor a Dios, manifestado entre tanto, por sus oraciones.

La abuelita era un ser que veía la luz en ella misma, en cada instante, en cada persona, que se maravillaba con los milagros de la naturaleza, que entendía y vivía el mundo desde el idioma con el que había crecido y actuaba como una verdadera seguidora de Jesús. Mi mamá se refiere a ella como una santa, por su devoción a los principios católicos, yo la describiría como una fuente de luz y amor para la familia que sembró y cultivó con los valores que creía, nos acercarían al reino de los cielos.

Una tarde, tiempo después de la muerte del abuelo Pedro, su esposo, la abuelita Magdalena se encontraba como de costumbre, orando en la sala de su apartamento; ese día le pidió a Dios que le permitiera saber si Pedro estaba bien. Fue cuestión de segundos cuando un azulejo llegó volando a su balcón. La abuelita sintió ese pajarito como una clara respuesta a su petición, pues el azulejo era el pájaro que más le gustaba a mi abuelo.

Desde ese momento, el azulejo se ha convertido para mi familia, en símbolo de nuestros abuelos. Y se ha reforzado aquel significado, con historias como la ocurrida después de la muerte de la abuelita Magdalena, cuando mi tío Oso, en medio de su inmensa tristeza ante la partida de su mamá, le pidió a ella y a Dios un poco de consuelo y paz; de inmediato dos azulejos se posaron en el árbol frente a él.

Hace unos días estuve paseando con Foster, mi perro, por un parque de la ciudad. Nos encontramos un pajarito caído y nos alejamos para darle su espacio a ver si lograba volar. No lo logró. Lo vimos trepar por un árbol y caerse varias veces, vimos cómo su mamá bajaba del nido y volvía a subir sin el pajarito. Después de un tiempo, y porque cuarentena es buen momento para cuidar de otros, decidí llevar el pajarito a casa, con la esperanza de que algún día pudiera volar. Era de noche así que no noté qué pajarito era, hasta que llegamos a casa y entre sus pequeñas plumas grises de polluelo, se veían los visos azules.

Era un azulejo.

Los días con el azulejo fueron increíbles, convivió 14 días con Foster y conmigo. Fue todo un reto para Foster, que se babeaba cada vez que veía al pajarito cerca, y sin embargo, era el azulejo quien se acercaba a saltos a Foster, pues sabía que no lo lastimaría. Cuidar un pajarito fue una experiencia muy hermosa, para mi y para mis sobrinos, quienes disfrutaron cada visita al azulejo. Le dábamos comida cada vez que lloraba, los pedazos de fresa, banano y lombrices le encantaban, el tomate y las hormigas no tanto.

14 días me levanté más temprano que de costumbre (mi hora habitual es 5:20 am) para ver si el pajarito había sobrevivido una noche más y ponerlo contra mi pecho mientras el sol salía. Y durante 14 días, fue así. Ese pajarito me hizo vivir tanto en el presente, que por más que recordara a la abuelita Magdalena al ver su alas azules, no quedaba tiempo para pensar en las historias familiares de azulejos.

A los 15 días el pajarito se murió, aún no sé qué pasó. Un día simplemente dejó de cantar y a la siguiente mañana, el pajarito no estaba para ver salir el sol. Lloré muchísimo. Es increíble el cariño que se puede sentir por un pajarito. Agradecí por él y escribí, como todas las mañanas, lo que pasaba por mi mente: sentía frustración al pensar que pude cuidarlo mejor, me sentía irresponsable por no hacer todo lo posible para que sobreviviera, me sentía mediocre por no investigar más sobre cómo cuidar un pájaro azulejo para haberlo hecho mejor, y a través de lo que escribía, entendí que no era una historia para culparme, sino para ver la magia que había en ella. Para ver a la vida actuar milagrosamente. Para recibir ese mensaje que tanto les había estado pidiendo a los ángeles desde hace unos meses.

Estuvo claro en ese momento, que el azulejo era un mensaje de la abuelita Magdalena. A quien venía sintiendo muy presente desde hace un tiempo, pues había estado leyendo una biblia donde ella dejó algunos pasajes recomendados y la sentía cerca en mis meditaciones.

Al día siguiente de la muerte del pajarito, me encontré una pluma azul oscuro y brillante en la entrada de mi casa. La ignoré, estábamos en medio de una mudanza, seguro se había caído de algún adorno de mi mamá. Un par de días después volví a casa y la pluma seguía ahí, esta vez la recogí y la guardé. En ese momento recordé que hacía unos días una gran amiga había lanzado una canción y en medio de tanto movimiento no había podido escucharla con total atención, así que con la pluma en la mano, puse su canción y ahí entendí todo.

Nada tuyo – María Cristina Plata

Tan pronto escuché las primeras palabras de la canción dejé de oír la voz de mi amiga y empecé a sentir al pajarito cantando, sentí a la abuelita Magdalena pronunciar cada una de esas estrofas, como si estuviera recitando las palabras claves para desatar un conjuro. Como si me estuviera liberando en ese momento de una historia que llevaba años guiando mi vida, nuestra vida. Como si hubiera conseguido pasar a otro nivel y pudiera volar más ligera, más lejos. Sentí que lo habíamos logrado juntas. Que todas estas conversaciones con los ángeles habían tenido un motivo, que cada paso que había dado nos traía a este preciso momento. Sentí las ataduras soltarse. Sentí cómo con su profundo amor de siempre, sanábamos. Que su historia ya no era la mía. Que sus noches, sus mañanas y las cosas que le afanaban ya no eran mías. Que ella ya era de otro lugar, del viento, de la vida y del amor. Sentí que me liberaba.

Todos los días recuerdo al pajarito, agradezco, escribo y medito. Sigo sin entender muchas cosas, pero cada vez me ocupo menos de entender y me dedico más a confiar y a sentir, porque cuando suceden milagros, recordamos que no sabemos cómo funciona la vida.

La abuelita Magdalena y yo 1998
La abuelita Magdalena y yo 1998
El azulejo y Foster
El azulejo y Foster
La vida con el pajarito
La vida con el pajarito
La vida con el pajarito
La vida con el pajarito
El pajarito y yo
El pajarito y yo


Que la magia te acompañe siempre.


Vanessa Martínez
Co-Fundadora

CASA MAESTRA
28 de Mayo 2020

Publicado por casamaestra

Somos un espacio para compartir experiencias de bienestar consciente 🙏 Ofrecemos herramientas que apoyen el camino espiritual y de autoconocimiento. Encuéntranos presencialmente en Barichara, Colombia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: