A veces no elegimos el libro, el libro nos elige

Escrito por: Glendy Mejía García

¿Qué contestan cuando alguien les pregunta  sobre su hobby favorito? En mi caso y sin dudar respondo: ¡Leer!  no obstante, cuando recuerdo las veces que me han realizado esa pregunta, lo que viene a mi mente es la reacción de la persona que me pregunta porque casi siempre me dice y ¿qué más le gusta hacer? Como si existiese un orden de prelación entre los gustos. 

mi pasión por la lectura de novelas, y el placer de compartir mis descubrimientos literarios, me llevó a que recientemente una gran amiga me llamara su “recomendadora* de cabecera”. si bien esa expresión puede parecer extraña, el mensaje que lleva implícito es el que permite dar origen a este escrito: la idea que el amor a la lectura es contagioso y genera muchas emociones como aquella sonrisa que aparece en los labios de la persona que queremos.  

Frecuentemente me encuentro con personas que manifiestan que no tienen el hábito de lectura, a pesar de que estamos inmersos en un contexto que nos brinda información por diversos medios, sin embargo, la acción de buscar y leer un libro en un momento determinado no es tan constante y lo puedo observar cuando realizo la siguiente pregunta inicial en mi trabajo semestre tras semestre ¿Cuántos libros leyeron el año pasado o en el que está en curso? Mi respuesta a la cifra variada que me manifiestan mis estudiantes  es: no importa si solo se ha leído medio libro, lo que interesa es que se mantenga ese interés, porque como dice Martha Nussbaum, una autora que admiro: la lectura que no recae únicamente en libros de la profesión es un camino que conduce a que la justicia adquiera un rostro humano.

Debido a este gusto por leer, constantemente caigo en un error en mis conversaciones; la mayoría de ellas giran en torno a algún libro que he leído recientemente o que marcó mi vida con la intención que aquella persona que recibe el mensaje quede con la intriga de conocer un poco más, lo lea y comparta sus impresiones. Es por eso, que este año he decidido compartirles la siguiente dedicatoria:  

“Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quién lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte” Carlos Ruiz Zafón en la Sombra del viento. 

La lectura une, nos permite adentrarnos a nuevas realidades para comprender nuestro contexto y, también logra conectarnos con nosotros mismos y con la otra persona, es por eso, que es necesario incentivar la lectura a través de las charlas que sostengamos entre amistades, familia, vecinos o por medio de redes sociales. Cuando se lee un libro se puede encontrar la respuesta a una duda o inquietud que nos embarga el alma, a veces no elegimos el libro, el libro nos elige para que encontremos las respuestas que estamos necesitando. Cada página que transcurre nos permite reflexionar e interiorizar que expandir el cariño a la lectura es un acto revolucionario, de amor y de entrega que permitirá reconocer que a veces aquel no solo viene de personas, animales, plantas, etc., sino también de palabras escritas por alguien que en una historia nos quiere mostrar que la vida con libros es sinónimo de libertad.

Reconocí desde muy niña que la lectura me permite acercarme mucho más a las personas que quiero a través de ciertos personajes y a la vez me ayudó a comprender que la realidad en la que me encuentro tiene diversas matices, que vivimos en una época que nos exige más y nos arrebata la esencia de formarnos como humanos, por ello, la lectura se convierte en ese estandarte que nos incita y motiva a respetar la diversidad, identificar emociones y que si triunfa la indiferencia o la falta de solidaridad, nos hallaremos inmersos en un mundo sombrío en el que se puede vivir pero sin individualidad y sin ser con el otro, pues es en el amor, en la fe y en la compasión donde podremos encontrar la salida de las situaciones más retadoras que se presentan a nuestro alrededor. 

Por último, me permito dejar dos reflexiones que han marcado este año de lectura:

  • La salvación del hombre está en el amor y a través del amor (…) El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. (El hombre en busca de sentido por Viktor Frankl)
  • La cultura no es necesaria para la supervivencia del hombre, para la supervivencia del hombre, únicamente lo es el pan y el agua. Es verdad que con el pan para comer y el agua para beber sobrevive, pero sólo con eso muere la humanidad entera. Si el hombre no se emociona con la belleza, si no cierra los ojos y pone en marcha los mecanismos de la imaginación, si no es capaz de hacerse preguntas y vislumbrar los límites de su ignorancia, es hombre o es mujer, pero no es persona (…) (La bibliotecaria de Auschwitz por Antonio G. Iturbe)

*Su reacción luego de decir esta expresión me acordó del capítulo de Los Simpson, especialmente, cuando Lisa utiliza la palabra estupidización en su diario.



Glendy Mejía García
Colaboradora
CASA MAESTRA

Publicado por casamaestra

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